domingo, 13 de febrero de 2011

La poda de un viejo bonsái

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El óxido es la espuma con la que la marea de los días va lamiendo nuestras herramientas, nuestras manos. Son las motas de su inevitable presencia. Va desgranando su inexorable caricia sobre los viejos utensilios de trabajo, recordándonos que nuestra victoria no puede ir más allá de una sutil y frágil tregua. Un aplazamiento, eso es todo lo que los mortales podemos obtener. El pequeño bonsái que plantamos hace unos años ha mantenido solitario y descuidado su breve pero concentrada estatura, soportando monzones y tempestades, o la a veces deliciosa caricia de la brisa matinal. Es hora de retomar las viejas tijeras de poda, sacudirle el óxido a sus desgastadas hojas, prepararlas para el beso verde de las otras hojas, las de este pequeño laurel de cantos afilados.

1 comentario:

Lost in translation dijo...

Ya era hora,¿no? Nunca es tarde para retomar.